9 meses dentro y 9 meses fuera: todo lo que no te contaron sobre el posparto

Invisible. Doloroso. Solitario. El posparto es cruel y nadie te lo cuenta. 

Cuando os hablaba sobre mi parto, os conté la experiencia que desde mi perspectiva fue bastante buena. Todo empezó a ir mal cuando salí de la sala de paritorio.

A pesar de haber empezado un blog de maternidad y haber estado leyendo otros tantos, estaba muy desinformada sobre este tema. Parece que es algo que no se habla mucho, ni si quiera en la blogosfera. Creo que todo esto se debe a dos razones: cansancio y las ganas de ver las cosas positivas. al menos así podría ser en mi caso.

Después del parto, llegas a casa a una realidad completamente nueva. Toda la familia se tiene que amoldar. Ya no te cuento si los padres sois primerizos. Como mujer, además de acostumbrarte a esta nueva realidad, llegas con un cuerpo que no es el tuyo después de un esfuerzo INCREIBLE. Estar exhausta es poco.

no escribo este post para dar miedo. La llegada de un bebé trae muchísimas alegrías a este mundo. También es cierto que en el tema del posparto la gente parece callar todo lo malo por temor... No sé muy bien temor a qué. Lo cierto es que no todo son sonrisas y que habrá momentos muy malos. En cierto sentido este es un post para dar a conocer al mundo esta faceta de la maternidad que está escondida. Y no es justo que debamos vivir esta etapa de una forma tan solitaria, es justo que los demás (incluido el padre que muchas veces no se entera de la mitad) participen o al menos conozcan lo que estamos pasando.

Creo que compartir esto es muy personal y a la vez muy importante. Porque cuanto más sabemos menos miedo tenemos. Cuando me contaban lo que iba a pasar en el parto poco a poco me iba dando cuenta que no tenía nada que temer, que todo era muy natural. Y así lo viví ese día. El posparto debería ser igual, no un desconocido.

El cansancio es real. Duerme. DUERME MUCHO.

Ya en el hospital no quería hacer otra cosa que no fuese dormir y estar con mi pequeña. Después del parto una está agotada, el esfuerzo que has hecho es brutal. ¡Premiate con todo lo que puedas dormir! Aprovecha para dormir mucho en el hospital y cada momento que puedas sacar una vez que estés en casa.

Las primeras semanas vas a estar agotada. Y los ritmos serán un caos hasta que os vayais acostumbrando al bebé. Haz caso a tu cuerpo y descansa. No fuerzes nada, y si no puedes dormir (por algún otro hijo) al menos siéntate y relajate todo lo que puedas. TE LO MERECES, HAS DADO VIDA.

Si tienes la posibilidad de que alguien te cuide al pequeño/s aprovecha para dormir. Y si eres como yo, aprovecha también para darte una ducha, porque este pequeño ser consumirá todos los momentos en los que antes te duchabas y sentirás que no eres persona. A mi ducharme me ayudaba a sentirme mejor, más relajada y menos incómoda.

Te sentirás como en una película. El cansancio es surrealista. No te fuerces. Ve poco a poco.

Dolerá y será incomodo.

Puede que empieces a notar esto en el mismo hospital. No hace falta que haya sido una cesarea para notar dolor. Si te han practiccado una episotomía o te has rasgado también tendrás puntos de los que recuperarte. El dolor puede ser tan fuerte que te costará moverte, o al menos moverte de forma normal. En el hospital me costó tanto moverme el primer día que me tuvieron que sondar, porque no conseguía ni levantarme de la cama. ¡Mucho menos ir al baño!

Los puntos no tardan en sanar, pero serán la cosa más incomoda que te puedas imaginar. Son molestos y cuando empiezan a secarse escuecen como un demonio.

Tu cuerpo es un desastre y tendrás que vivir con ello.

Solo será un tiempo. Pero sabes que después del parto no vas a volver magicamente a tener un vientre plano y mucho menos que tu pecho volverá a ser el mismo. Por no hablar de las estrías, que ahora que el bebé está fuera, se notan más que nunca. Y sin embargo, dentro de ti está ese deseo, la esperanza de que exista un hechizo que te devuelva a tu estado pre-embarazo.

No seas tonta y antes de ir al hospital esconde toda tu ropa de no embarazada. A la vista deja solo ropa cómoda y elástica: no tienen que ser chandals, deja a la vista algún vestido mono y ancho que te haga sentir guapa. Parece una tontería, pero en esos momentos en los que estás llena de hormonas y falta de sueño lo último que necesitas es ver tus vestidos ajustados pululando por ahí (¡por no hablar de tus sujetadores!). Guárdalo todo antes de ir al hospital. Volverás a ponértelo, pero aún no es el momento.

Para mi fue muy desesperante. Me encontré con 2 tallas más de sujetador (además de las dos que me habían aumentado durante el embarazo) y no sabía que ponerme. Me veía horrible con todo. Supongo que si me hubiese preparado mentalmente y hubiese puesto en cajas toda mi mini ropa, el trago hubiese sido menos devastador. Al final esa fue mi decisión, en un arrebato de coraje lo metí todo en cajas y me propuse no mirarlo hasta que no estuviese segura de que me volvería a venir.

La recuperación cambia según cada persona. A algunas personas les cuesta más y a otras menos. A veces tu cuerpo no vuelve a ser el mismo y lo mejor es aprender a vivir con ello. Suena duro, casi cruel... Pero es la marca de haber creado vida. Y hay días que cuesta más y días en los que cuesta menos.

La sangre puede durar mucho tiempo, eso de la cuarentena es mentira.

No a todo el mundo le pasa. No es una norma, puede durar una semana o tres meses. Y a veces asusta, sobre todo si como yo, tienes periodos de menstruación cortos y poco abundantes. Al igual que el periodo esto es algo de lo que se habla poco. Yo sabía que sangraría, algo... Pero no sabía que sería tanto. Ni si quiera mi matrona me preparó para la cantidad de sangre que perdí.
Mi sangrado terminó tres meses después de dar a luz. Yo ya me había incorporado a trabajar.
También es cierto que lo mío no es la norma. Sin embargo, es algo que creo que es importante saber. Hay que ser conscientes de que el cuerpo te está mandando señales. Hace unos meses os hablé de la histeroscopia. A mi mi cuerpo me estaba diciendo que necesitaba expulsar restos de placenta que habían quedado dentro de mi útero. Pero un sangrado abundante puede estar indicandote que estás haciendo demasiado, que tienes que parar, o cualquier otra cosa. Lo mejor, ir al médico, nunca se es demasiado precavido.

Me llevé varios sustos. Un día la sangre no paraba. Era tan abundante que ni siquiera las MEGA-COMPRESAS POSPARTO la retuvieron. Por suerte no tuve ningún problema más, me mandaron medicación para parar el sangrado y más tarde (mucho más tarde) me hicieron la histeroscopia. No tuve infecciones, ni tampoco anemia (de milagro). Podría haber sido peor.

Comparte lo que sientes. No te aisles.

Es una nueva etapa y es difícil. Te verás sobrecogida por muchas preguntas e incertidumbres. ¿Estará comiendo bien? ¿Tendrá frío? ¿Tendrá calor? ¿Seré una buena madre? ¿Estoy haciendo todo lo que puedo? ¿Mi leche le alimenta lo suficiente? ¿Estará cómodo? ¿Y si se despierta por la noche y no le oigo? ¿Estará enfermo? ¿Y si se enferma?Y un millón de cosas más.
Tranquila, lo estás haciendo bien.
Si tienes todas estas preguntas en tu cabeza o muchas otras. Lo mejor es compartirlo. Estoy segura que no habría conseguido salir de mi misma si no hubiese sido gracias a mi entorno. Mi marido no me dejaba estar nunca sola, si él se iba me hacía llamar a alguien para estar acompañada. Porque en el momento en el que él salía por la puerta yo rompía a llorar y observaba a mi pequeña sintiéndome completamente inútil. ¿Cómo iba yo a cuidar de ella? ¡Era demasiada responsabilidad de golpe!

Los complejos por el estado de mi cuerpo no mejoraban la situación. Lloraba cuando miraba mi ropa de verano, todo lo que no podría usar. Evitar todo lo negativo y dejar de aislarte y comerte todo sola puede ser crucial para evitar una depresión posparto. Hablar con mi familia y amigos mejoraba. No hace falta hablar del bebé continuamente, hablar de gustos comunes o ver una película o incluso salir a tomar un helado, pueden ser gestos que mejoren tu día. Que te ayuden a darte cuenta de que no estás sola y de que el mundo no ha cambiado tanto.

Y no os hablo de la lactancia... Por que a eso le dedicaré un post completo. ¡Lo merece!

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