Parir en tiempos de COVID, sanando heridas


No sabía si animarme a publicar este post o no. Lleva unos días en el tintero. Pero creo que merece ver la luz.

La realidad de la maternidad es por desgracia en muchas ocasiones una realidad de soledad. El embarazo, el parto y todos los cambios que estos conllevan física y psicológicamente muchas veces los experimenta la madre casi en silencio. El COVID además nos ha quitado el mínimo acompañamiento que podíamos tener.


Sin embargo, tras el nacimiento de mi segunda hija me invade una sensación de agradecimiento. No quiero olvidar esta sensación, por eso quiero plasmarla aquí. En el fondo con la esperanza de que llegue a las matronas que han sido mis ángeles de este embarazo. Que en la soledad de una pandemia y en el momento del parto me han hecho sentir mucho más acompañada que en mi anterior embarazo.


Ayer entre las lágrimas y el agua de la ducha me daba cuenta que por fin he sanado una herida. Que después de más de dos años y medio he podido cerrar una etapa de postparto psicológico que me acompañaba desde el nacimiento de mi hija mayor.


Esto es una nota, para mi misma más que nada, de agradecimiento inmenso a las matronas que han visto crecer y ver la luz a esta críaturita que ahora mismo está entre mis brazos. 


Gracias a Rocio, la matrona de mi centro de salud. Lo supe desde el primer día que entre en su consulta y vi un cartel que decía: “en el postparto no estás sola”

Ella no lo sabe, pero salí de allí llorando. Emocionada porque a pesar de sólo estar al principio del embarazo, ya me sentía más acompañada. Ella, con su mirada afable y comprensiva, me transmitió desde el primer momento que de verdad me acompañaría hasta donde hiciese falta. Que no me volvería a sentir tan abandonada como en el primer postparto. Que contestaría a todas mis preguntas, por tontas que pareciesen.

Gracias por darme un email para contar mis dudas y angustias, no creo que haya mucha gente tan dispuesta a atender como ella. Gracias por crear una serie de vídeos de preparación al parto o preparación maternal o como queráis llamarles. Sin saber que soy una friki, yo me los vi todos el primer día.

Gracias por toda la información extra, por darme a conocer blogs como el de comadrona en la ola.

Gracias por llamar apenas unos días después de nacer la niña y decir que una puerpera puede ir en cualquier momento a verte. No más soledad en el postparto.


Gracias a Ester, residente de matrona. Llegue al hospital muerta de miedo, la incertidumbre de si mis deseos serían escuchados, ¿quien me encontraría en paritorio? ¿Sería una persona agradable? Es lo que tiene la SS, te encuentras en tu parto con caras desconocidas (en este caso aún peor dadas las mascarillas). 

Ester resultaba conocerme de oídas, y yo a ella. Nunca nos habíamos visto antes, pero resultó que esta en el mismo grupo de la parroquia que yo. Compartíamos amigas. Y sin saberlo se convirtió en mi ángel. 

Puede sonar estúpido, pero el simple hecho de tener conocidos comunes me llenó de paz. Supe que podía confiar en ella. Respiré tras muchas semanas de angustia. Todo iba a ir bien. 


Gracias Susana, por no cerrar puertas. Creo que esta matrona es de lo mejorcito que me he encontrado jamás. Paciencia infinita. Y además dispuesta a dar explicaciones. 

Hay mujeres que prefieren no saber nada, mujeres que piensan que la ignorancia en su parto les servirá de consuelo o algo parecido; ojos que no ven, corazón que no siente. Yo no, después de un primer parto en el que todo salió torcido y acabé con una episotomia de 15 puntos de la que no se me informó. 3 meses sangrando sin parar y con hemorragias brutales. 7 meses de entuertos/contracciones... Necesitaba saber el por qué de cada momento. Necesitaba saber. Punto.

Llegué con mi plan de parto, sin querer la epidural porque me aterraba la idea de volver a necesitar una episotomia, me aterraba no ser capaz de empujar, me aterraba acabar sondada y en cama durante días por una dosis demasiado fuerte.

Esta maravillosa mujer me escuchó con paciencia y mientras yo lloraba y le contaba mis temores, ella disgustada me decía: si es que los sanitarios a veces no os damos la información que necesitáis y entonces buscáis y sacáis conclusiones que quizás no sean verdad. 

Llegué a los 8cm de dilatación y nunca me negó la posibilidad de la epidural. Nunca me presionó. Y gracias a eso todo funcionó a la perfección. 


Y por último, gracias a Miguel y María Laura. Si os soy sincera apenas me acordaba de sus nombres, he tenido que preguntarle a mi marido para confirmar. Pero ellos me acompañaron a mí en los últimos momentos del parto y fueron los primeros en ver a mi pequeña nacer.

María Laura decidida me puso a “bailar” a cuatro patas en la cama, para que la fuerza de gravedad hiciese su trabajo y la cabezota de mi peque bajase.

Apoyándome hasta el final, dándo explicaciones de cada una de las acciones, pidiendo permiso... ¡empujas genial Marta! Lo vas a conseguir como tú quieres. Y así fue.


Al final me puse la epidural, al final necesité oxitocina, al final salí de paritorio con una nueva cicatriz por un pequeño desgarro. 


Pero al final salí de paritorio feliz, con mi bebé al pecho y mi marido de la mano. Sintiéndome respetada. Sintiéndome fuerte. 


Gracias.

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